La inocencia se suicida
en cada herida,
se deshace,
se deshace,
se decanta,
gota
a
gota.
gota
a
gota.
Lentamente.
Y ya no es
ya no siente
ya no existe,
no es más que un fantasma,
una derrota.
Y se muere la ilusión,
empobrecida.
Y el abismo, ya
sin vértigo,
sin vértigo,
desaparece.
Y el miedo, ese absurdo,
es sólo espina.
Pero vida y argumento
continúan,
a pesar de tu insolvencia
y tu desidia,
proponiéndole al instante
mil teorías, y algún placer
donde ensancharnos;
ofreciéndole al amor
una utopía y, algún dolor
que al consumirse
nos reinvente.