Construimos recuerdos como palacios,
y torres de engaño que nos alientan.
Hay en ellos almenas de ignorancia,
y razones como veletas.
Tenemos la nostalgia en las ventanas,
pasadizos de memoria indescifrables,
amor, como gota de lluvia apresurada
a caer por ojos como cristales.
Penetramos laberintos de emociones
sin hilo de Ariadna que nos oriente y,
si al llegar al centro el mito desaparece,
sin más salida que aceptarlo
guardamos la decepción entre los dientes.
Tenemos la ilusión como una entrada
a un mundo repleto de pasiones,
ilusión con llave de esperanza
y cerradura de temores.
Construimos el placer como descanso,
argumento irrefutable nuestra muerte.
Que inventamos una vida entre las manos
y otra más en nuestra mente.
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