¿Quién dice que yo he sido yo desde el principio?
Hasta el más pequeño de los elementos degeneró
y degenera constantemente en nuestro cuerpo.
¿Cómo puedo pensar que tú fuiste ya alguna vez,
que yo era aquella,
que él fue el que ahora es?
Todo lo que fuimos murió para siempre.
Lo único que tenemos es memoria.
Una memoria que confluye en algo
parecido a un nosotros,
que no somos nosotros,
sino pretensión de nosotros.
El rostro que recuerdo nunca existió,
quizá tampoco el que ahora veo.
Nos parecemos a aquello,
nada más.
Todo cambia constantemente y, sin embargo
nos atrevemos a pensarnos indelebles.
¿Qué es lo que nos hace sentirnos tan estables,
tan dueños de una perdurable identidad?
Otra vez la memoria, memoria caprichosa,
memoria que, para bien y para mal
nos miente a cada instante.
Si no tuviese recuerdos, seguiría existiendo
y, sin embargo, no creería reconocerme.
Vivimos una ilusión, tan real,
que resulta fascinante.
No hay comentarios:
Publicar un comentario