Es mi certeza de fuego
un arma blanca.
A mi pistola de duelos
le queda un disparo
en la recámara.
Una lágrima sola
en el tambor de mi recuerdo,
una pena honda:
mi última bala.
No dan más los ojos.
Cansados de mirar,
y mirar y mirar
y no ver nada,
empuñan mi tristeza
--temblando--
-- tiritando--
muertos de miedo, muertos
de traiciones y esperanzas.
Tan absurdos como guerras
Tan absurdos como guerras
mis ojos, en su abismo,
empuñando su ceguera,
sin pensarlo
te disparan.
te disparan.