viernes, 17 de septiembre de 2010

Instante lúcido

Horizontales como muertos.
Tras la lucha de sudores,
todo es horizontal y silencio.
Hablan las bocas
acaricia la carne.
Susurra incomprensible
el amor eterno
donde todo, todo es individuo
enaltecido en la batalla
del orgasmo contra el miedo.

Horizontales como muertos.
La desnudez de la vida es
esta lujuria del instante
donde todo, todo es ahora
este presente imperfecto.

Y me busco en tus ojos
olvidando el acero inexorable
del cuchillo del tiempo.

Es curioso este momento
sincero y vanidoso
en que lo más reconfortante
confabula mostrando
la incongruencia de ser 
comunidad tan solitaria, 
enfermedad salubre
tan real, como vida y muerte
entrelazadas.

Sólo así se aprecia la desgracia:
sentirnos una suerte 
de coherencia comprensible,
que dispone de verdades, por caminos
rectos, accesibles y perfectos.

Después, más tarde
cuando se cierre el silencio
asomará la vida vertical,
con sus pasos feroces
de animal eterno.

La vida como objeto

Esta idea pegajosa
que es la vida,
se me adhiere a la corteza
agrietada del pensamiento.

Este limón ensangrentado,
tras la frontera de cada sueño,
es una consciencia lamentable
un terror de sumisión,
perpetrado por el miedo.

Estoy aquí,
puedo decirlo.

Sin embargo,
también soy humo  
donde todo es
impredecible pasado,
futuro que llega
en el instante preciso
donde se vuelve obsoleto.

La actriz está buscando el argumento
donde evadirse de la razón
y los impuestos del silencio.

Mientras, la vida
detrás del telón,
sin conclusión y sin destino,
sucede vanamente
como simple objeto.

lunes, 13 de septiembre de 2010

El amor absurdo

Lo más absurdo del amor
es la cama sedentaria,
fatigada de placeres.
Penetrar los besos hasta el hueso,
encontrar obsoleta la mirada
de quien nos mira por costumbre.
Lo más absurdo y aberrante
son las pieles fragmentadas,
los ojos sin abismo
la calma perpetrada.


Pero, lo más absurdo,
lo absurdo por antonomasia,
es encontrar el tesoro inaccesible
que es la paz a carcajadas,
hallar tus manos conocidas
para sujetarme y sujetarlas,
disfrutar este amor que me prohíbe 
eternas horas de desgracia;
y pretender que el amor es absurdo
cuando las hormonas ya no gritan
como adolescentes malcriadas,
cuando por fin comprendo
que el amor 
era esto, este  sentimiento
de encontrar entre tus brazos
la complicidad que no buscaba.

Lo más absurdo del amor
es dejar de construirlo,
como si fuese a perdurar
por arte de magia.

Lo más absurdo es
abjurar del amor mismo
y  relamer el sufrimiento
de no encontrarle, para siempre
y por costumbre,
el sentido a nada.

Futuro Perfecto

Me acuerdo ahora
de ese futuro muerto que
mis pasos, fatigados,
no anduvieron.
Me acuerdo de su opiáceo aroma
(antes de morir sin pasado)
penetrando en mis sueños.
Me acuerdo de la paz,
la única paz que, venenosa,
para justificar cada derrota
planea un futuro inaccesible.
Recuerdo los deseos,
perfectos por inalcanzables,
atrapándome en sus redes.
Secuestrando mi voluntad,
destruyendo mi memoria.
Me acuerdo de ese Futuro Perfecto
que, sin poder arrepentirse,
me ha dejado sin historia.