Lo más absurdo del amor
es la cama sedentaria,
fatigada de placeres.
Penetrar los besos hasta el hueso,
encontrar obsoleta la mirada
de quien nos mira por costumbre.
Lo más absurdo y aberrante
son las pieles fragmentadas,
los ojos sin abismo
la calma perpetrada.
Pero, lo más absurdo,
lo absurdo por antonomasia,
es encontrar el tesoro inaccesible
que es la paz a carcajadas,
hallar tus manos conocidas
para sujetarme y sujetarlas,
disfrutar este amor que me prohíbe
eternas horas de desgracia;
eternas horas de desgracia;
y pretender que el amor es absurdo
cuando las hormonas ya no gritan
como adolescentes malcriadas,
cuando por fin comprendo
que el amor
era esto, este sentimiento
que el amor
era esto, este sentimiento
de encontrar entre tus brazos
la complicidad que no buscaba.
Lo más absurdo del amor
es dejar de construirlo,
como si fuese a perdurar
por arte de magia.
Lo más absurdo es
Lo más absurdo es
abjurar del amor mismo
y relamer el sufrimiento
de no encontrarle, para siempre
y por costumbre,
el sentido a nada.
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