miércoles, 16 de noviembre de 2011

Es mi certeza de fuego
un arma blanca.
A mi pistola de duelos
le queda un disparo
en la recámara.
Una lágrima sola
en el tambor de mi recuerdo,
una pena honda:
mi última bala.

No dan más los ojos.
Cansados de mirar,
y mirar y mirar
y no ver nada,
empuñan mi tristeza
 --temblando--
               -- tiritando--
muertos de miedo, muertos
de traiciones y esperanzas.


Tan absurdos como guerras
mis ojos, en su abismo,
empuñando su ceguera,
sin pensarlo 
te disparan.

2 comentarios:

  1. Mary, PRECIOSO. No te puedo decir más.
    Por fin regresaron las palabras a tus dedos, para disfrute de muchos.

    ;)


    Marti

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  2. preciosas palabras paisana....

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