Es mi certeza de fuego
un arma blanca.
A mi pistola de duelos
le queda un disparo
en la recámara.
Una lágrima sola
en el tambor de mi recuerdo,
una pena honda:
mi última bala.
No dan más los ojos.
Cansados de mirar,
y mirar y mirar
y no ver nada,
empuñan mi tristeza
--temblando--
-- tiritando--
muertos de miedo, muertos
de traiciones y esperanzas.
Tan absurdos como guerras
Tan absurdos como guerras
mis ojos, en su abismo,
empuñando su ceguera,
sin pensarlo
te disparan.
te disparan.
Mary, PRECIOSO. No te puedo decir más.
ResponderEliminarPor fin regresaron las palabras a tus dedos, para disfrute de muchos.
;)
Marti
preciosas palabras paisana....
ResponderEliminar